Tema 3.1.- Gran Bretaña.
INTRODUCCIÓN.
Las técnicas de la agricultura holandesa del siglo XVII son el precedente de la Revolución Agrícola inglesa. Holanda tiene una gran poder comercial durante el siglo XVII, son los intermediarios comerciales. Van a utilizar esa red comercial para importar productos agrícolas baratos para su consumo interior. Y, a su vez, practicaran una agricultura especializada en productos agrícolas de gran calidad y, por tanto, caros, dirigidos a la exportación, es decir, comprar del exterior productos baratos y, a su vez, producen productos caros para exportarlos.
Entre los productos en que ellos se basan estará el ganado vacuno y todos los productos derivados del ganado vacuno.
Utilizaran en la agricultura fertilizantes de forma intensiva, no solo procedentes del estiércol de los animales, también van a utilizar los deshechos de las ciudades, que procesan y convierten en fertilizantes. Crearon empresas especializadas en recogida y procesamiento de esos deshechos.
También crearon empresas especializadas en desecar y sanear pantanos para obtener superficies cultivables e, incluso, ganaron al mar tierras mediante la construcción de diques, esas tierras se vendían o alquilaban como tierras cultivables.
Se convirtieron en especialistas, en muchos países europeos se requirieron los servicios de los técnicos holandeses para desecar pantanos.
Los holandeses fueron los primeros en construir canales interiores para facilitar el transporte y abaratar el transporte de las mercancías, esos canales luego se copiaron en otros países.
Los holandeses aplicaran un sistema de cultivo, el trialterno, en el cual se rotan diferentes cultivos durante un ciclo de 3 años, la rotación de esos diferentes cultivos reponen los nutrientes de la tierra. Fueron los primeros en adoptar el cultivo de la patata de forma generalizada.
Todas esas innovaciones de los holandeses fueron copiadas luego por los ingleses y mejoradas, por ejemplo, serían los pioneros en la selección de semillas de razas de ganado.
REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.
En Inglaterra se produce el modelo más puro de Revolución Industrial. Se produjo gracias a innumerables acciones y decisiones de carácter privado. La explicación de por qué fue el primer país en industrializarse radica en una combinación de condiciones sociales, políticas, económicas y legales:
- Contaba con una clase próspera de comerciantes que se había enriquecido con el comercio exterior e interior y que contaba con gran influencia política. Poseía una tradición de especialización en el comercio y en la industria.
- Tenía una agricultura muy productiva que produjo un excedente comercializable y, por tanto, fondos para inversión. El aumento de la producción agrícola se tradujo también en un aumento de la población (Revolución Demográfica).
- La mano de obra no fue abundante en los primeros centros manufactureros, lo que condujo a salarios altos y, por tanto, los empresarios intentaron sustituir mano de obra por máquinas, dando un gran impulso a los avances tecnológicos. Los salarios altos de los trabajadores ingleses significaron una mejora en el poder de compra y, por tanto, una mayor demanda de bienes de uso corriente y una ampliación del mercado interior.
- Existían también leyes que favorecían la dedicación al comercio, no existían las aduanas interiores, y se mejoraron los transportes, construyendo carreteras y canales. También aumentó el mercado exterior y se implantó el librecambismo en el siglo XIX.
- Desde 1694 existía el Banco de Londres y los ingleses poseían un desarrollado sistema bancario y crediticio.
Revolución Agrícola:
Fue indispensable para el desarrollo industrial, ya que permitió el cultivo de la tierra con menos mano de obra que pasó a trabajar en el sector industrial e hizo posible la Revolución Demográfica. Además, la Revolución Agrícola tiene un papel de incentivo de la demanda, porque al producir más los campesinos tienen más recursos y se amplía el mercado. También suministró, en las primeras ètapas, una gran parte de capital y empresarios de los sectores clave de la Revolución Industrial.
La Revolución Agrícola se produjo por primera vez en Inglaterra hacia el año 1700. La mayoría de las ideas se basaron en las técnicas holandesas del siglo XVII, pero a partir de 1730 Inglaterra tomó la delantera y pasó a ser el centro innovador en la agricultura.
Las primeras fases se carecterizan por la aplicación de ciertos métodos:
- La gradual eliminación del barbecho y su sustitución por continuas rotaciones de cultivo. Se implantó un sistema rotatorio de cultivos que abarcaba generalmente un periodo de 3 a 4 años, aunque a veces podía llegar hasta 6 o 12 años, sin necesidad de intercalar ninguno de barbecho. El suelo se regeneraba por medio de una secuencia de plantas (cada una con un consumo peculiar de las sustancias del suelo), por la introducción de plantas que poseían un efecto regenerativo sobre el suelo, y, sobre todo, por un mayor abonado de las tierras, que fue facilitado por la expansión del abono animal. El ganado había aumentado al incluir el cultivo de plantas forrajeras en el sistema de rotación.
- La introducción o extensión de nuevos cultivos. La rotación continua implica la inclusión de nuevos cultivos en el ciclo. Los principales cultivos de plantas forrajeras y piensos fueron los nabos, el trébol y otros cultivos para forraje menos importantes como la colza, el lúpulo, el maíz, las zanahorias y las patatas.
- La mejora de las herramientas de uso tradicional e introducción de otras nuevas. También aumentó el empleo de caballos para el trabajo de la tierra, al ser su velocidad media un 50% mayor que la del buey.
- La selección de semillas y cría de animales. En las priemras étapas los progresos más importantes se produjeron en la cría de ganado lo que se reflejó en rápidos aumentos de peso en los animales y en la obtención de leche.
- Cambios en el sistema de propiedad. Es decir, el paso de los campos abiertos (open fields) a los cercamientos o enclosures, y el paso del colectivismo al individualismo agrario. El sistema de enclosures se impuso para que las inversiones del propietario no pudieran beneficiar a otros, ya que con el anterior sistema de campos abiertos personas extrañas podían aprovecharse de la producción. Este cambio de sistema benefició a los grandes y medianos empresarios agrícolas que concentraron en sus manos grandes explotaciones agrícolas que organizaron a modo de industrias capitalistas, con una gran productividad encaminada a la comercialización en el mercado. En cambio perjudicó a los campesinos que se vieron obligados a vender la tierra y trabajar como asalariados para los terratenientes, o bien emigrar a la ciudad como mano de obra para la industria. El proceso de cercamientos fue favorecido por Actas parlamentarias.
Revolución Demográfica:
Intimamente relacionada con la Revolución Agrícola. Ésta significa aumento de la producción y de la productividad, por tanto, posibilidad de que más personas estén mejor alimentadas y mejoren su esperanza de vida. A la vez el aumento de la población supone aumento de la demanda.
Revolución en la Industria y Revolución Teconológica:
Los primeros cambios revolucionarios en la tecnología y en la organización económica se registraron en la industria textil, siderúrgica y maquinaria generadora de fuerza motriz.
Inglaterra poseía una gran tradición como productora de tejidos de lana y de algodón (actividad mucho más pequeña y atrasada). Ambas industrias eran domésticas, con la aplicación de las máquinas a los procesos de hilado y tejido se abandonó el sistema de producción doméstico, concentrándose los obreros en fábricas cada vez de mayores dimensiones. Sin embargo, ambos sistemas convivieron durante cierto tiempo, debido a la resistencia de la mano de obra a trabajar en una fábrica con un horario rígido a pesar de que los salarios pagados en la industria eran más altos que los ingresos que obtenían los trabajadores en el campo. Además, el empresario capitalista se resistía a invertir en edificios y fábricas que reducían sus beneficios en épocas de crisis, cuando podía satisfacer la demanda en momentos de auge con operarios marginales.
La industria textil basó su desarrollo en una materia importada de Estados Unidos: el algodón (al principio de elevado precio hasta que se adoptó la desmontadora de Whitney -1790- que abarató la recogida de la materia prima y, por tanto, aumentaron las exportaciones americanas de algodón barato). Con la Revolución Demográfica también aumentó la demanda interior de tejidos de algodón, más baratos que los de lana (demanda poco elástica) lo que impulsó la continua aplicación de nuevas máquinas.
Gran Bretaña fue el primer país que utilizó las nuevas máquinas, el primero que produjo tejidos más baratos y más finos, y, por consiguiente, pudo apropiarse de todos los beneficios como innovador. Cuando sus rivales siguieron su ejemplo y empezaron a producir mercancías comparables, los precios habían bajado a niveles competitivos y los beneficios ya no eran tan altos.
La industria textil inglesa contó con mano de obra abundante (debido a la Revolución Demográfica) barata y desorganizada, constituida en su mayor parte por mujeres y niños con jornadas de 12 a 16 horas. La legislación sobre limitación de jornada no entró en vigor hasta 1850, los avances agrícolas no requerían ya un elevado número de mano de obra y el resto de la industria todavía no estaba desarrollada, por tanto, no había otras posibilidades de trabajo. Las condiciones de vida en las nuevas ciudades fabriles eran muy insalubres y el nivel de vida de los trabajadores no se elevó hasta muy entrado el siglo XIX.
La industria textil algodonera se convirtió en el principal sector de la renta nacional de Inglaterra y los beneficios se reinvirtieron, lo que hizo que la industria siguiera aumentando su capacidad productiva y se dieran economías de escala, es decir, un tipo de economía que, desde el punto de vista interno beneficia a las empresas capaces de producir en escala lo bastante grande para minimizar sus gastos generales por unidad de producto, y desde el punto de vista externo desarrolla industrias auxiliares especializadas en la comercialización, blanqueo, tintura, etc.
La industria siderúrgica estaba ya organizada sobre una base capitalista desarrollada durante el siglo XVI. Inglaterra contó abundantes materias primas, las innovaciones del siglo XVIII permitieron a las industrias británicas abandonar el carbón vegetal para adoptar el carbón mineral, muy abundante en el país, lo que produjo una disminución del precio del hierro y, por tanto, su uso generalizado en la construcción de máquinas. El ferrocarril también desempeñó un papel importantísimo en el siglo XIX como demandante de esta industria.
Revolución de los Transportes:
La diferencia entre una economía industrializada y preindustrial es la mayor acumulación de capital, sin embargo, hay formas de capital que requieren inversiones totalmente desproporcionadas a los beneficios previsibles inmediatamente, se trata del capital social (infraestructura de transportes): requieren gastos de capital superiores a los permitidos por empresarios particulares; su construcción dura mucho tiempo y los beneficios se producen a largo plazo; los beneficios de la inversión revierten más en la comunidad que en el empresario constructor. De ahí que estas inversiones generalmente sean estatales, sin embargo, en Inglaterra la iniciativa y el capital fueron aportados por la empresa privada nacional.
La iniciativa privada construyó carreteras con mejores técnicas y mejor mantenimiento. A cambio cobraba un peaje. Así mismo, construyó canales de navegación que proporcionaron un transporte barato y produjeron un crecimiento de las ciudades al proporcionar alimentos y combustible más barato. El capital para la construcción de canales procedió de la empresa colectiva (asociaciones de hombres de negocios, terratenientes, accionistas locales, empresas y bancos de la ciudad). Posteriormente, los accionistas de canales también invertirían en el ferrocarril.
En el primer cuarto del siglo XIX hizo su aparición el ferrocarril, gracias a la aplicación de la máquina de vapor. La construcción del tendido nacional ferroviario inglés fue muy rápida, quedando finalizada prácticamente en 1850. El ferrocarril impulsó el sector financiero, ya que movilizó grandes capitalistas, se construyó exclusivamente con capitales privados aportados por Sociedades Anónimas. Además, fue el mayor demandante del sector siderúrgico (gracias al proceso Bessemer los raíles fueron más resistentes). Posteriormente, se utilizarían los ingenieros y el capital inglés en la construcción de la mayor parte de los ferrocarriles europeos.
Las inversiones en trasportes permitieron la utilización más económica y productiva de los recursos de capital existentes, mejoraron las comunicación y posibilitaron la integración del mercado nacional y el abaratamiento de los bienes.
Revolución Comercial:
El comercio internacional marca el paso de un país preindustrial a industrial. Gracias al comercio internacional se puede vender al extranjero los excedentes y comprar bienes escasos, con lo que se amplía los bienes y servicios ofrecidos en el mercado interior y aumenta el valor de la producción nacional. Inglaterra contó con factores favorables para desarrollar su comercio: poseía una buena situación con recursos naturales; disponía de capital humano (marinos y navegantes), así como de una clase mercantil con fondos que asumía riesgos; el gobierno simpatizaba con la clase mercantil; y por último poseía un centro crediticio con gran experiencia financiera.
Anteriormente, durante la primera mitad del siglo XVIII, las exportaciones de Inglaterra se basaban en los tejidos de lana (aproximadamente un 50% del total de exportaciones). Sin embargo, la demanda de los tejidos de lana era inelástica y se produjo la saturación en el mercado. Con la Revolución Industrial las exportaciones de tejidos de lana fueron sustituidas por tejidos de algodón que poseían una demanda más elástica.
Londres se convirtió en el centro financiero mundial donde acudían los fondos disponibles de otros países y la organización comercial se transformó. Durante los siglos XVIII y XIX aumentó el tamañó de las empresas comerciales lo que significó mayores capitales. Las Sociedades Anónimas eran la forma más adecuada para reunir dichos capitales. En 1844 se liberalizó la constitución de Sociedades Anónimas, reglamentadas hasta entonces por el Acta de la Burbuja de 1720, extendiéndose su uso con dos novedades:
- Las Sociedades de Responsabilidad Limitada en las que los inversos no responden de las deudas de la compañía. La responsabilidad limitada se aplicó a la mayoría de los negocios en Gran Bretaña a partir de 1855.
- Las acciones preferentes. Sus poseedores tenían una posición privilegiada respecto al resto de los accionistas, pues recibían dividendos antes de que se abonasen a las acciones ordinarias y tenían preferencia en caso de quiebra de la compañía. Surgieron por la necesidad de buscar nuevos inversores para ciertos negocios como el ferrocarril.
El aumento de las Sociedades Anónimas produjo la expansión de las Bolsas de Valores, las más importantes fueron las de Londres, París y Nueva York. El desarrollo del comercio exterior contribuyó a la Revolución Industrial inglesa, ya que creó una demanda para los bienes de la industria británica; el comercio internacional permitió a Inglaterra el acceso a materias primas que ampliaron la gama de productos de la industria británica y los abarataron (algodón, etc.) y permitió adquirir a países pobres un poder de compra suficiente para adquirir mercancías británicas; se creó un excedente económico que contribuyó a crear una estructura institucional y una ética de los negocios; la expansión del comercio produjo el crecimiento de las grandes ciudades y de los centros industriales (Liverpool, Manchester).
Sistema Bancario:
Antes de la Revolución Industrial Inglaterra contaba con un sistema monetario y bancario muy desarrollado con la libra esterlina como unidad monetaria basada en la plata. En 1816 se decretó el patrón oro, dependiendo la oferta monetaria del Banco de Inglaterra.
Hasta entonces las instituciones monetarias inglesas consistían en un banco central, el Banco de Inglaterra, que actuaba como banco del Gobierno y como custodio de las reservas de oro de la nación, unos sesenta bancos privados en Londres, de mucha liquidez y reputación, pero que no emitían billetes, y unos 800 bancos privados de provincias, de dimensiones reducidas, pero emisores de billetes y que no tenían que someterse a más control que al del valor de los billetes emitidos.
Durante la Revolución Industrial la necesidad de satisfacer la demanda urgente de numerario, así como la necesidad de encontrar oportunidades de inversión para el capital excedente de la población adinerada de las provincias indujo a centenares de pequeños bancos provinciales a emitir billetes de valor relativamente bajo (1 y 2 libras). Después de 1750 aparecieron muchos más bancos privados provinciales.
En cuanto al resto de la banca privada estaba constituida en general por sociedades por acciones con responsabilidad limitada que tendieron a la fusión. La orientación de los bancos privados a inversiones a largo plazo (industria) provocó quiebras y desastres financieros por lo que la mayoría de los bancos se inclinaron hacía las operaciones comerciales (inversiones a corto plazo).
En la primera mitad del siglo XIX se desató una gran controversia en relación con la cantidad de billetes que debían ser emitidos. La "escuela monetaria" y la "escuela bancaria" estaban de acuerdo con la idea de un sistema monetario automático en el cual el valor de la moneda estuviera en relación con los metales preciosos, sin embargo, no coincidían en cuando al método.
La "escuela monetaria" o Currency School defendía la identificación del billete bancario con el dinero metálico, por tanto, una sobre emisión de billetes produciría consecuencias graves en la economía (inflación). En cambio, la "escuela bancaria" o Banking School mantenía que la emisión de billetes debía depender de las necesidades del comercio y, por tanto, era partidaria de que el emisor actuase discrecionalmente y no sujeto a reglas externas. En Inglaterra venció la corriente de la "escuela monetaria" y en 1844 el Banco de Inglaterra se reservó el monopolio de emisión de billetes que hasta entonces compartía con otros bancos.
