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Tema 3.2.- Francia.

El crecimiento económico de Francia comenzó en el siglo XVIII, son tasas de crecimiento similares a las inglesas e, incluso, ligeramente superiores. Sin embargo, mientras que en Gran Bretaña se producía una revolución industrial en el algodón a finales de siglo, en Francia estallaba la Revolución (1789-1814). Esto hizo que Francia afrontase la Revolución Industrial con un considerable retraso. Podemos distinguir una serie de factores negativos que explican la lenta incorporación de Francia a la industrialización:

  1. Peor dotación de recursos naturales. Poseía menos carbón que Inglaterra, Bélgica y Alemania. En las primeras décadas del siglo XIX la mayoría de las minas más importantes estaban localizadas en las zonas montañosas del sur y el centro, lejos de los mercados, y era de díficil acceso; hasta 1840 no entrarían en funcionamiento los ricos yacimientos del norte. Así, un tercio del carbón consumido por Francia fue importado. Para compensar la escasez y el alto coste del carbón Francia se apoyó en la utilización de la energía hidráulica lo que le impuso una serie de restricciones, ya que los mejores emplazamientos, normalmente, quedaban lejos de los centros de población, y el número de usuarios y el tamaño de las instalaciones era limitado, de ahí que se impusiera un modelo de empresas de mediano tamaño muy dispersas geográficamente y bajos índices de urbanización.
  2. Estructura de la propiedad. La Revolución Francesa suprimió los derechos señoriales y vendió los bienes de la iglesia, que fueron comprados principalmente por la burguesía de las ciudades; también se vendieron los bienes de los emigrados, comprados igualmente por los burgueses y los pequeños agricultores. Por tanto, al finalizar la Revolución Francesa la mayoría de las propiedades eran de pequeño o mediano tamaño. Debido a esto no se produjo transformación técnica en la agricultura o fue muy lenta.
  3. Carencia de un sistema financiero y monetario adecuado. La crisis de 1720 hizo que los franceses desconfiaran de los bancos y de los instrumentos de crédito, de ahí que no se abriese un nuevo banco de emisión, la Caisse d'Escompte fundada por Turgot, hasta 1776. Durante la Revolución también fracasó un intento de creación de dinero fiduciario: los "asignados", se trataban de pagarés que representaban tierras asignadas a sus tenedores. Sin embargo, hubo un gran número de emisiones y los asignados se depreciaron enormemente hasta que en 1791 el gobierno declaró que los asignados no eran ya moneda legal. En 1800 se creó el primer Banco de Francia, fundado por Napoleón, que consiguió rápidamente el monopolio de la emisión de billetes y otros privilegios especiales y consiguió bloquear la aparición de otros bancos por acciones hasta mediados del siglo XIX, por tanto, el sistema bancario en Francia era insuficiente para atender la demanda de crédito.
  4. Ausencia de espíritu de empresa. El grupo social que estuvo al frente de la nación en Inglaterra era el de los empresarios, mientras que en Francia lo fueron los burgueses. Mientras que el empresario crea, inventa, corre riesgos, el burgués del siglo XIX recurre poco al crédito, ahorra progresiva y lentamente, buscando una colocación segura que garantice una renta fija con un mínimo riesgo.
  5. Conflictos sociales y políticos. La Revolución Francesa y los periodos posteriores (Consulado e Imperio) frenaron el crecimiento económico. Durante y después de la Revolución las luchas internas y las guerras en Europa llevaron la economía del país a la ruina. Como consecuencia del enfrentamiento con Inglaterra, gran parte de su flota se destruyó, quedando una flota comercial constituida por veleros que, desde mediados del XIX, se verán desplazados progresivamente por vapores ingleses. Las guerras costaron más de dos millones de hombres y absorbieron totalmente el ahorro y paralizaron el crecimiento económico que había comenzado.

ETAPAS DE LA INDUSTRIALIZACIÓN FRANCESA.

1.- Lento avance (1830-1848):

Se crearon empresas, sobre todo en el campo textil, de tipo familiar (hilados en Normandía y tejidos en Alsacia), y a partir de 1835 el número de hiladores empleados en las fábricas sobrepasó a los que trabajaban a domicilio. También fueron apareciendo algunos altos hornos y la fábrica Creusot pasó a ser un centro metalúrgico importante. La financiación corrió a cargo del capital británico, así como el asesoramiento técnico. La construcción del ferrocarril, más lenta que en Gran Bretaña, aceleró la industrialización. Se construyó como resultado de una asociación entre el Estado y las empresas particulares, ya que la Ley de 1842 garantizó a las empresas privadas la ayuda del Estado, pero exigió un cierto control por parte del Estado. Por lo que se refiere a las carreteras, Francia disponía de una excelente red.

Sin embargo, existen grandes dificultades en la financiación de la industria, ya que la burguesía está constituida por terratenientes, especuladores inmobiliarios, profesionales liberales y algunos industriales con negocios familiares, es decir, no es una burguesía industrial. Apenas se constituyen sociedades, el dinero escasea, la alta banca invierte en deuda del Estado y el ahorro local se coloca en préstamos hipotecarios.

En 1848 se produce una revolución social provocada por problemas de subsistencia debidos a las malas cosechas y por manifestaciones de obreros industriales que reinvindican mejoras salariales y de horarios. De hecho son los primeros que consiguen una ley que limita el horario de trabajo, aunque no tendrá continuidad.

2.- La consolidación (1848-1870):

Con Napoleón III comienza un régimen muy autoritario que conduce al despegue de la economía francesa.

Desarrollo y organización del crédito: La Revolución de 1848 condujo a la suspensión de la convertibilidad de los billetes de banco y se impuso un límite de emisión. Sin embargo, los billetes de los bancos departamentales se depreciaron, mientras que los del Banco de Francia se mantuvieron, esto condujo a la absorción de los bancos departamentales por el Banco de Francia, a la unificación de todos los billetes emitidos y al restablecimiento de la convertibilidad. Posteriormente, se desarrollaron los Bancos por acciones, uno de los primeros fue el Credit Lyonnais, dirigido a los pequeños ahorradores, que financió operaciones a corto plazo.

Una de las características principales del período imperial fue la política de grandes construcciones: se trazaron los grandes bulevares parisinos, se reemprendió la construcción de carreteras y la construcción de ferrocarriles. Todo ello permitió el acercamiento de los centros urbanos, el descenso de los precios del transporte y el crecimiento industrial. En el año 1870 la siderurgia francesa alcanzó el nivel técnico que había logrado la inglesa hacia 1830-35. La demanda agrícola en un primer momento y la demanda de maquinaria, especialmente textil con posterioridad, desempeñaron un papel importante en el desarrollo de la industria del hierro. Al mismo tiempo se produjo una transformación en el comercio, a partir de 1850 aparecen grandes empresas comerciales. Proceden de empresas familiares que se convierten en sociedades.

Finalmente, en el año 1860 se firma el Tratado Cobden-Chevalier con Inglaterra, seguido por otros tratados comerciales con Bélgica, Holanda, etc., que redujeron notablemente el proteccionismo, conduciendo a la expansión del comercio exterior francés a un ritmo mayor que el de otros países de Europa.

LA EVOLUCIÓN POLÍTICA Y LA SITUACIÓN OBRERA.

Hasta 1848 la política francesa estaba dirigida por la gran burguesía, constituida por propietarios agrícolas, industriales, comerciantes, miembros de profesiones liberales. Acumulan capital, pero no lo invierten en empresas nuevas de riesgo, las inversiones se hacen lentamente a través de la autofinanciación en el seno de las empresas existentes. Además, reclaman protección frente a la competencia inglesa a través de unos elevados derechos de aduana.

Durante este período la situación obrera es francamente mala. Al lado de antiguos artesanos y de profesionales relativamente independientes (imprenta y construcción) surgieron los primeros obreros (industria minera, fábricas textiles y metalúrgicas). Esta clase obrera se recluta sobre todo entre los antiguos artesanos arruinados y entre los campesinos que abandonaban sus tierras. Se trata de mano de obra no cualificada, pero barata y susceptible de adaptarse a las nuevas condiciones de producción. Existía un porcentaje bastante elevado de mujeres y niños que trabajaban desde los seis años.

La utilización de mano de obra infantil y femenina era una competencia seria para los hombres y agravaba el paro que se producía como resultado del desplazamiento de fuerzas de producción. Esto, junto con la presión que ejercían los que llegaban del campo, especialmente artesanos arruinados, produjo una baja de los salarios reales, probablemente más acentuada que en Inglaterra. En 1848 los salarios eran bastante inferiores a los de 1840, a pesar de que durante estos años los precios habían sufrido un alza. Esta tendencia todavía fue más acusada si solo se consideran las industrias sometidas a las transformaciones técnicas, que en un principio ofrecían salarios bastante elevados. Así pues, el progreso en la industria estuvo acompañado por un empeoramiento en los salarios de los obreros.

Durante el segundo Imperio continua la dominación política de la gran burguesía, aunque se produce un cambio en el equipo de gobierno: hay más técnicos, funcionarios y financieros, y el objetivo de su política es el progreso económico. Para Napoleón III el Estado debe intervenir para fomentar el progreso. En sus comienzos el régimen fue muy autoritario, limitó la libertad de asociación, se deportó a un gran número de personas, etc., pero a partir de 1855 el autoritarismo se fue debilitando. El segundo Imperio fue brillante, los gastos de lujo animaban y sostenían el esfuerzo económico.

Hasta 1864 Napoleón III había gobernado con el apoyo de los medios rurales católicos y de los grandes industriales, pero después de la firma del Tratado Cobden-Chevalier los industriales le retiraron el apoyo, y a partir de entonces intentó gobernar con el de las clases populares, se pasó al Imperio Liberal.

La situación de las clases obreras y campesinas mejoró en el Imperio. El crecimiento económico y el aumento de la demanda, con la consiguiente subida de precios, beneficiaron al agricultor. También mejoró la condición de los obreros, sobre todo en provincias, ya que en París continuaba el problema de escasez de vivienda. De 1850 a 1869 el coste de la vida aumentó entre el 16% y el 24%, mientras que los salarios aumentaron en un 40%, es decir, se dió una elevación del salario real.

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