Tema 3.4.- Estados Unidos.
Estados Unidos es el ejemplo más espectacular de rápido crecimiento económico. Su desarrollo estará condicionado por dos guerras, la Guerra de Independencia (1776-1783) y la Guerra de Secesión (1861-1865).
América del Norte tiene una serie de características que marcarán su desarrollo posterior:
- Es un territorio de enorme extensión que se puso en explotación de forma progresiva.
- Tiene una gran variedad de climas y recursos, y, por tanto, tendrá un alto grado de especialización regional.
- Es un país nuevo y, por tanto, no tiene tradiciones feudales.
- Es un país fundamentalmente agrícola y poco poblado.
- Una parte importante de su población está constituidad por emigrantes, sobre todo europeos, que buscaban libertad política y religiosa, así como la mejora de sus condiciones de vida.
En las cuatro décadas posteriores a la Independencia, los Estados Unidos gozaron de un desarrollo económico y social rápido e intenso que coincide con un notable aumento de la población. Esta población colonizó progresivamente el Oeste de América, basando su economía en la agricultura (trigo y maíz) y ganadería. En el Este (Nueva Inglaterra) se asentó el comercio, la industria y la banca. La industria que primero se desarrolló fue la textil del algodón, que se mecanizó rápidamente. Los Estados del Sur se especializaron en cultivos intensivos en tierra y trabajo como el algodón, índigo, tabaco y arroz, una gran parte de los cuales se destinaba a la exportación. Los esclavos procedentes de África supusieron una mano de obra abundante y barata para el Sur, mientras que en el Norte los salarios cada vez eran más elevados.
Las guerras y revoluciones existentes en Europa a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, que paralizaron en parte las importaciones estadounidenses, fueron un estímulo para los comerciantes e industriales norteamericanos que invirtieron con el objetivo de producir aquellos bienes que antes importaban y así satisfacer la creciente demanda del mercado doméstico, pero para ello requerían una vasta red de transportes.
Los Estados y municipios, en colaboración con las empresas privadas, emprendieron la construcción de carreteras de peaje y canales. Al mismo tiempo se desarrolló el transporte fluvial, mediante barcos de vapor. La construcción de carreteras y canales aceleró enormemente el flujo de la población hacia el Oeste y hacia el Sudeste, dando un gran impulso a su desarrollo económico. Sin embargo, los resultados económicos de los canales fueron escasos y muchas veces las empresas inversoras no recuperaron el capital invertido.
El principal medio de transporte fue el ferrocarril. Al existir escasez de capital privado, los gobiernos de los Estados y ciudades, en su deseo de tener ferrocarriles, adelantaron a menudo fondos para acelerar su construcción y el gobierno federal hizo grandes concesiones de tierras a lo largo de las vías trazadas. Sin embargo, las bancarrotas y las reorganizaciones de las compañías fueron el rasgo característico de los ferrocarriles en Estados Unidos y muy pronto estallaron violentos enfrentamientos entre distintas compañías con el objetivo de eliminarse mutuamente. Muchas veces su construcción se consideró más como un instrumento de especulación que como un medio de transporte tendente a mejorar la economía nacional. Al principio la tecnología, el equipo y el capital fue británico. La mayor parte de los ferrocarriles fueron construidos en el Nordeste y el Noroeste; estas líneas Este-Oeste eran de gran importancia para vincular política y económicamente ambas regiones. En los Estados del Sur la construcción fue mucho más reducida. En 1840 la longitud de líneas férreas construidas era mayor que la existente en toda Europa.
Al igual que ocurrió en Gran Bretaña, el ferrocarril en América no fue importante solo como productos de servicios de transporte, sino también por sus eslabonamientos hacia atrás con otras industrias, sobre todo la siderurgía, especialmente después de la Guerra de Secesión.
A pesar del rápido crecimiento de la industria, en el siglo XIX Estados Unidos seguía siendo una nación eminentemente rural. La población urbano no aumentó significativamente hasta después de la Primera Guerra Mundial, esto se debió en parte a que la mayoría de la producción fabril estaba situada en zonas rurales, por tanto, las empresas eran de pequeña escala y utilizaron energía hidráulica hasta finales del XIX. Con la llegada de las centrales eléctricas las industrias se trasladarían a las ciudades, aumentando su tamaño.
El crecimiento demográfico estadounidense durante el siglo XIX fue el más elevado, debido, sobre todo, a una tasa extremadamente alta de crecimiento natural (4 millones en 1790, 10 millones en 1820, 17 en 1840, 31 en 1860, en 1870 casi 40 millones, en 1915 más de 100 millones). A partir de 1890 hasta 1917 se produjo una enorme corriente de inmigrantes (más de un millón anual) gracias a la política de inmigración, casi sin restricciones. No obstante, la renta y la riqueza crecieron todavía más rápidamente que la población.
Sin embargo, uno de los problemas fundamentales de la industria y de la agricultura fue la escasez continua de mano de obra y, por tanto, su alto coste, de ahí que se adoptaran con gran rapidez máquinas que ahorrasen mano de obra. Los métodos agrícolas europeos, mejores que los americanos, daban mayor rendimiento por hectárea, pero los granjeros de Estados Unidos obtenían mejores rendimientos por hombre/empleado, usando maquinaria relativamente barata. En la industria, la situación era similar.
La producción agrícola siguió dominando las exportaciones americana, pero a partir de la década de 1880 el número de trabajadores no agrícolas superó a los empleados en la agricultura, y la renta proveniente de la industria superó a la de la agricultura. En 1890 los Estados Unidos se habían convertido en la primera nación industrial del mundo.
Respecto al sistema bancario el proceso de industrialización que se llevó a cabo tras la Guerra de Secesión, se efectuó dentro de una acusada anarquía monetaria. Existían multitud de pequeños bancos emisores que no estaban sujetos a ningún tipo de control, lo que dio lugar a multitud de quiebras y especulaciones, sin embargo, la economía dispuso de los servicios bancarios que necesitaba y, de hecho, creció con gran rapidez. A finales de siglo se implantó el patrón oro, pero el descubrimiento de nuevas minas acarreó un incremento de producción de este metal, y, por tanto, aumentaron considerablemente los créditos. En 1913 el Congreso creó el Sistema de Reserva y unos 9.000 Bancos miembros. Este sistema permite a la Junta de Reserva Federal ejercer un control en la política de crédito del país.
