Tema 4.1.- Italia.
Italia pertenece al grupo de países que como España y Rusia se desarrollaron muy lentamente. Estos tres países tienen una serie de características comunes:
- No alcanzaron un nivel industrial importante hasta 1914, lo cual se tradujo en bajos índices de renta per cápita y gran incidencia de la pobreza.
- Existen marcadas diferencias regionales, con escasos centros industriales que destacan sobre el marcado atraso económico de la mayoría del país.
- Bajo nivel del capital humano. Los tres países poseen los índices más bajos de alfabetización entre adultos y de escolarización de menores.
- Ausencia de reforma agraria previa, lo que supone una productividad agraria muy baja.
- Escasez de carbón durante el inicio y proceso de industrialización.
- Todos padecieron, en distintos grados, gobiernos autocráticos, corruptos e ineficientes.
En Italia el desarrollo económico estará marcado por la unificación política que no se realizará hasta 1861. Desde el punto de vista económico se diferencian dos zonas y esta dicotomía se intensifica con la industrialización:
- La zona norte de Piamonte y valle del Po, donde la productividad agrícola era bastante elevada y había industria, fundamentalmente textil. Enorme importancia tiene la industria textil de la seda dirigida hacia la exportación, mientras que la del algodón es doméstica y de poca calidad. Es en esta zona precisamente donde nace el proyecto de unificación política del país, será Cavour, Primer Ministro del Piamonte, quien inició el proceso de unificación apoyado por Francia.
- La zona sur, con una agricultura muy atrasada en manos de terratenientes latifundistas más preocupados en recoger las rentas que en modernizar las explotaciones. Se trata de una zona tradicionalmente muy deprimida, con mano de obra muy poco cualificada que emigrará en gran medida durante todo el siglo XIX.
ÉTAPAS DE LA INDUSTRIALIZACIÓN ITALIANA:
Primera étapa (1830-1860):
Se intensifican las diferencias entre Norte y Sur. El Norte se especializa cada vez más en la producción de seda cruda para la exportación y comienza a utilizar energía hidráulica en sus industrias; además, posee gran abundancia de mano de obra barata. Durante este período las industrias estarán protegidas del exterior por aranceles muy elevados.
A mediados de siglo entra capital francés que se invierte en el ferrocarril, bancos y otras Sociedades Anónimas. Aunque la construcción del ferrocarril se inició pronto (1830), se desarrollo muy lentamente, obstaculizado por la división política, solo se construyó a buen ritmo en el Piamonte. Este retraso hará que no se desarrolle en este período la siderurgia italiana, que estará organizada en pequeñas fábricas separadas con escasa producción y que siguen utilizando el carbón vegetal.
Segunda étapa (1861-1880):
Con la unidad política se acelera la construcción del ferrocarril importando materiales y capitales extranjeros, sobre todo franceses. La legislación progresista y el sistema administrativo del reino del Piamonte se extendieron a toda la nación, pero no pudieron salvar los obstáculos impuestos por la escasez de recursos naturales, analfabetismo y escaso capital. Se imponen políticas librecambistas.
El librecambio encontró apoyo entre los terratenientes y los agricultores que producían bienes para la exportación (seda, aceite, queso, etc.) y que eran bastante más numerosos, más fuertes y estaban mejor representados en el Parlamento que los pocos industriales dedicados a la producción de algodón, lana o hierro. Las exportaciones se vieron favorecidad por la adopción por parte del Gobierno del corso forzoso (inconvertibilidad de los billetes de banco) obligado por los gastos de la guerra de 1866 contra Austria. El corso forzoso, alterando el tipo de cambio, actuó como una devaluación de la lira, favoreciendo a los productos italianos.
Aparecen las primeras Sociedades Anónimas industriales, y los terratenientes y bancos comienzan a invertir en la industria. Se produce un progreso bastante sustancial en ferrocarriles y obras públicas, así como en la industria textil de la seda y del algodón. El mercado interior es más amplio gracias a la unificación política.
Tercera étapa (1880-1896):
La llegada de cereales baratos de América (1876) amenazó seriamente los intereses agrarios y se adoptaron políticas proteccionistas a partir de 1878. El Estado intervino apoyando directamente las industrias del hierro y de la maquinaria, estipulando cupos de privilegio para la maquinaria italiana en los pedidos destinados al suministro de los ferrocarriles, concediendo ayudas a los astilleros nacionales, promoviendo el desarrollo de la siderurgia e impulsando la construcción en las grandes ciudades. También en estos años se promulgaron las primeras disposiciones en legislación social. La reducción del precio de los fletes disminuyó el precio del carbón importado, circunstancia que benefició a la industria italiana. La crisis agraria redujo el interés de las inversiones en tierras y en la agricultura y canalizó el capital privado hacia inversiones en la industria; así mismo, la supresión del corso forzoso en 1880 produjo la entrada de capital extranjero, proveniente especialmente de Francia.
Sin embargo, los efectos beneficiosos de estas nuevas circunstancias se vieron reducidos debido a la crisis internacional de 1889 y 1896 que afectó profundamente al sistema bancario italiano; además, una gran parte de las inversiones se dirigieron a la construcción y no a la industria. La industria menos afectada por la crisis y más beneficiada por el apoyo del Estado fue la textil del algodón, que se desarrolló gracias al mercado interior reservado y exportó sobre todo hacia Latinoamérica, como consecuencia de una amplia corriente de emigración que comenzó en Italia en estos años.
Las características de las empresas italianas que han persistido hasta ahora son: tamaño pequeño o mediano, empresas familiares, autofinanciación, mayor importancia de los aspectos comerciales en detrimento de los aspectos técnicos u organizativos, individualismo, resistencia a la fusión y a la concentración industrial.
Cuarta étapa (1896-1914):
Fase de despegue con altos índices de crecimiento industrial, gracias a la situación internacional favorable y al mantenimiento de la política económica proteccionistas e intervencionista. La balanza de pagos se mantuvo equilibrada a pesar del incremento de las importaciones de energía, materias primas, productos semiacabados y maquinaria (necesarios para la industrialización) gracias a las exportaciones de alimentos, textiles de seda y algodón, fletes, turismo y las remesas de emigrantes. Reducidad entradas de capital extranjero. Nacimiento de nuevas industrias: acero, química, automóvil e industria hidroeléctrica que recibió capital nacional privado y apoyo de los bancos mixtos de depósito e inversión de origen alemán que habían sustituido a los franceses tras la crisis financiera de 1893.
